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Pasiones Demoníacas

CAPÍTULO

5

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Les llevó casi una hora ascender por todo aquel lugar. Saruzaki podría haberlo hecho más fácil, pero tenía que mantener un ritmo para que Kumori no se quedara atrás. Finalmente llegaron a lo alto de aquella enorme montaña, lugar donde se había producido el terrible estruendo, la luna parecía más grande en aquel lugar, libre de cualquier árbol o monte que la eclipsara.

Una vez allí se encontraron con el grotesco cadáver de un jabalí de las llanuras. Una especie de jabalí que mide más de cuatro metros de largo y tres de alto, cuyos colmillos podrían atravesar el cuerpo de un elefante como si fuera mantequilla y, frente a este, se alzaba una hermosa mujer de cabello verde oscuro que brillaba, como si fuera una piedra preciosa. Sus orejas eran picudas y sus ojos de un color verde esmeralda.

Ella estaba masticando la carne cruda de dicho jabalí cuando se volteó para observarlos, sus brazos, que estaban draconificados; completamente cubiertos de robustas y afiladas escamas verdes perdieron su forma y volvieron a su estado habitual, siendo idénticos a los de una humana normal y corriente.

Ella sopló, sacudiéndose un mechón largo de su flequillo que le cubría uno de sus ojos. Aquel era más largo que la longitud de su demás cabello, que le llegaba a la altura de los trapecios.

—¿Humanos? ¿Aquí? —preguntó la dragona, apoyando una de sus manos sobre su cadera. Sus pechos rebotaron levemente en su blusa de color blanco, algo ancha, escotada y larga. Tan larga que cubría lo único que llevaba en su parte inferior, unos shorts ceñidos y de color negro—. No —negó instintivamente, afilando su mirada—. No sois humanos, oléis diferente. ¿Qué sois? Responded.

—Qué ruda —sonrió Saruzaki, mostrándole sus colmillos—. Me interesa, ya lo he decidido.

—¿Mi señor? —Kumori se extrañó, ladeó su cabeza y se dirigió a su líder—. ¿Cómo podéis estar tan seguro sin haberla visto en acción?

—Puedo percibir el poder de los demás, no es exacto, pero puedo confirmar que ella tiene un poder devastador. Además, no se ha achantado lo más mínimo aún con tu armadura equipada.

En ese momento recordó que el lagarto al que visitó hacía unas horas se veía rudo y peligroso. Sin embargo, este comenzó a temblar como si fuese gelatina nada más encontrarse con ella.

—Cierto, me explicó que esta armadura ejerce presión en los demás. Si ella no se ha inmutado...

—Quiere decir que esta mujer es fuerte, posiblemente la mejor incorporación que podamos tener en nuestras filas en este momento. Te lo encargo, Kumori, solo asegúrate de no matarla.

—A sus órdenes —Kumori desenvainó su katana, preparada para hacer frente a aquella dragona.

Como respuesta a aquello, Ryuka draconificó sus brazos, creando unos enormes guanteletes que iban desde sus hombres hasta las puntas de sus dedos, convirtiendo sus uñas en garras devastadoras de un color similar al jade, brillantes y preciosas al igual que letales, capaces de partir por la mitad a cualquier soldado, con armadura incluida.

—Ya veo que no parecéis tener intención de hablar. ¿Estás segura de lo que estás haciendo, mujer? Soy Ryuka Kalamantir, la dragona de Jade. Poseedora del poder primigenio de la tierra. Ningún dragón actual es capaz de hacerme frente, mucho menos una humana. Envaina tu arma y pídeme clemencia o te asesinaré de inmediato.

—Mi nombre es Kumori, primera pata del Rey Demonio Saruzaki, Paladín de la Oscuridad —Kumori levantó sus puños de forma amenazante, preparada para el combate—. Y hoy te someteré, Ryuka.

La boca de la dragona se abrió a modo de sonrisa, parecía completamente de locura y sus afilados colmillos protagonizaron aquella escena.

—¿Someterme a mí? ¡Te arrancaré las extremidades una por una!

Aquella violenta mujer simplemente desapareció de su posición, proyectándose a gran velocidad hacia Kumori, quien dio un paso hacia adelante y se inclinó, proyectando todo su peso al frente.

Justo frente a ella apareció Ryuka, cargando un poderoso puñetazo de sus brazos dragónicos. Kumori quiso responder con la misma carta y ambas hicieron chocar sus puños el uno contra el otro, generando una impresionante onda de choque que sacudió la tierra y dejó un pequeño agujero en el suelo alrededor de estas.

—Interesante, parece ser que tu armadura es digna de mis garras, sin embargo, ¡eso no te da ningún mérito! —Ryuka llevó su cabeza hacia atrás mientras tomaba aire y su cuello comenzaba a brillar.

—¡El rugido! —Interceptó Kumori, apartándose rápidamente de la boca de Ryuka, quien en ese instante disparó un cañonazo de color verde. Un rugido de pura energía mágica draconiana concentrada de tal forma que formaba una masa destructiva que arrasó con todo lo que se encontró a su paso hasta estrellarse con un gran montículo de piedra, haciéndolo añicos.

Kumori se desplazó rápidamente por el lugar, tratando de no permanecer quieta. Recibir un impacto de esas magnitudes podría resultar fatal.

—Esta mujer es realmente fuerte... ¡Espera! —Ella dirigió rápidamente su mirada hacia su señor. Saruzaki permanecía de brazos cruzados con su mirada puesta en aquel combate, sin embargo, él se veía completamente tranquilo—. "¿No se ha inmutado? ¿Un ataque como ese no es nada para él? En serio tenéis plena confianza en que derrote a esta mujer, ¿no es así? Por eso me lo has encargado... Maldita sea, no puedes ser tan cruel..." —De un momento a otro, el cuerpo de Kumori comenzó a expulsar una grandiosa cantidad de energía oscura de color gris y negra, empujando incluso a Ryuka, quien se vio obligada a cubrirse con sus brazos.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué de repente está liberando todo ese poder?

—Mi señor... realmente tiene su confianza puesta en mí ciegamente... Voy a satisfacerlo, ya lo verá —Su espada comenzó a tomar su poder y se convirtió en una katana flameante que expulsaba aquella misma energía negativa. Junto con eso, el suelo a sus pies comenzó a quebrarse solo por la presión que ejercía.

—Así que realmente posees tal cantidad de maná en ese cuerpo... —murmuró Saruzaki, observando con atención a su general—. Su forma de materializar el miasma es tosca y carente de delicadeza, deberé adiestrarla debidamente. Sin embargo, todo ese poder es suyo, solo que ahora es capaz de proyectarlo con la variante más poderosa del poder que existe; el miasma de oscuridad. No tengo duda alguna de que Kumori hubiera podido ganar este combate antes de haber recibido mi sangre, sin embargo, viendo esto. Siento que voy a tener que intervenir. Ryuka va a morir.

Ambas guerreras volvieron a hacer chocar sus poderes, Ryuka trató a utilizar sus guanteletes de dragón, esta vez para intentar desgarrar a Kumori con sus afiladas garras. Sin embargo, ella esquivó con total facilidad y, con un corte ascendente de su katana, laceró por completo el brazo derecho de Ryuka.

Ella lanzó un grito de dolor y saltó hacia atrás, pero rápidamente fue alcanzada de nuevo por Kumori, quien parecía estar completamente concentrada en el combate y en seguir los movimientos de su enemiga. Tanto que parecía haber desatado su sed de sangre.

—¡No, espera! —La mujer dragón trató de detenerla, estirando su brazo izquierdo hacia Kumori, pero ella también lo laceró, esta vez a la altura del bíceps, dejando a la dragona sin brazos.

Se escuchó un grito desgarrador de dolor y esta cayó de rodillas al suelo mientras se formaba un gran charco de sangre bajo sus piernas. Sus ojos estaban prácticamente en blanco y su respiración comenzó a entrecortarse. También comenzó a sacar espuma blanca por la boca.

La dragona estaba en shock.

Kumori la apuntó nuevamente con su katana, pero justo cuando una mano la fue a agarrar, ella reaccionó.

—No se preocupe —dijo con un tono completamente serio y brusco, como si aún estuviera concentrada en su trabajo—. Me controlé, no le quité la vida.

Saruzaki, quien estaba a escasos centímetros de tomar la hoja de la katana con su mano desnuda, se detuvo y sonrió.

—Por un instante pensé que la sed de sangre te iba a consumir.

—Lo lamento mucho, me lo tomé demasiado en serio.

—No te preocupes, fue todo un espectáculo. Te felicito, Kumori, hiciste un gran trabajo. Más tarde te enseñaré a controlar debidamente el miasma, has estado a punto de mandarlo a volar todo.

—Se lo agradezco —Kumori bajó levemente su cabeza a modo de respeto y se mantuvo a un par de metros de Ryuka mientras Saruzaki caminaba hacia ella.

—Maldita sea... —balbuceó Ryuka, apretando con ira su mandíbula, resignándose a ganar aquel combate después de haber perdido ambos brazos. Sabía que nunca iba a recuperarse de aquello —No estaba en mis planes que tuviera ese poder... ¡Maldición!

—Ya, tranquilízate, puedo curarte en cuestión de segundos. Como antes te dije, quiero reclutarte.

—¡Cállate! —bramó ella, envuelta en ira y apretando con tanta fuerza sus brazos que logró detener el sangrado—. ¡Nada ha acabado! ¡No todavía!... ¡Apártate! ¡Seguiré luchando contra ella!

—Vaya... ¿eres capaz de detener el sangrado? ¡Qué gran control de tu cuerpo! ¡Qué inmenso espíritu de lucha! —En ese instante, él desvió por un momento su mirada hacia los pechos de aquella mujer. Bien formados y atractivos, destacando con las ropas que esta llevaba—. Y estás bastante bien. ¡Voy a convertirte en mi segunda seguidora! Además, esa agresividad y salvajismo tuyo... seguro que nos llevaremos bien.

—¿Llevarnos... bien? —En ese instante, la dragona se tambaleó debido a la pérdida de sangre—. Tú... la mujer de negro te llamó Saruzaki hace un momento. ¿A qué juegas haciéndote llamar como el Antiguo Rey Demonio?... Eres un tipo lamentable... puedo asumir mi derrota ante esa mujer, pero no te equivoques, jamás bajaré la cabeza ante un hombre, más todavía siendo más débil que yo.

—Te entiendo, yo tampoco lo haría. Pero te aseguro que bajarás tu cabeza ante mí cada vez que una palabra salga de mi boca.

Ryuka escupió al suelo y le dedicó una sonrisa, mostrándole sus dientes.

—Incluso sin brazos puedo matarte en cuestión de unos segundos.

—Inténtalo —provocó Saruzaki, haciendo que Ryuka se levantara apresuradamente y llevara nuevamente su cabeza levemente hacia atrás, cargando su rugido.

—¡Señor! —gritó Kumori, quien ya había visto eso antes, temiendo por la vida de su maestro.

Sin embargo, Saruzaki simplemente ladeó su cabeza con pereza cuando aquella mujer dragón abrió nuevamente su boca y le proyectó el rugido en la cara. Por algún desconocido motivo para ambas, aquel disparo chocó contra el cuerpo de Saruzaki y comenzó a ser repelido, como si su cuerpo fuera un muro infranqueable siendo salpicado por un suave chorro de agua.

—¿Qué... demonios...? —Balbuceó Ryuka, a la vez que la mano de Saruzaki se precipitó hacia ella y le cerró la boca, deteniendo aquel ataque.

—Es de mala educación vomitarle a tu señor en la cara, te mostraré una pequeña lección, dragoncita. Asegúrate de no olvidarla, odio tener que repetir las cosas.

En ese instante, Saruzaki le proyectó un puñetazo en el estómago a aquella mujer. El impacto fue tal que ella salió disparada a varios cientos de kilómetros por hora, recorriendo más de cien metros como si fuera una piedra hasta estrellarse contra el pie de una pared de roca, quedando completamente inconsciente y cayendo al suelo.

El impacto que generó aquel golpe afectó a una gran área a su alrededor, levantando una nube de polvo y sacudiendo los árboles del lugar.

—¿Qué fue eso? —Kumori dio un paso atrás, habiéndose quedado completamente en blanco y siendo alcanzada por la onda de choque, sufriendo que su cabello se balanceara violentamente y viéndose obligada a entrecerrar sus ojos para que no le entrase tierra u otros residuos debido a la polvareda —"¿Saruzaki acaba de simplemente hacer una demostración de su fuerza física? Ese puñetazo tenía el poder suficiente como para tirar abajo un castillo. ¿Es eso acaso una ínfima parte de su poder?... Él se ha asegurado de no matar a la Draconis. Si es así, mi estimación sobre sus capacidades estaban muy lejos de la realidad. Su poder es una broma de mal gusto..." —Ella simplemente dejó escapar una sonrisa, complacida por aquella demostración de la que había podido ser partícipe—. "Siempre quise conocer a alguien como vos, Saruzaki, mucho antes incluso de haber sido maldita"

—Kumori

—¡Sí!

—¿Puedes ir a ver si me la he cargado? —suspiró él, dirigiéndole una mirada llena de lamentación a su seguidora—. Creo... que le pegué un pelín más fuerte de lo que quería... Sentí todas sus costillas ser pulverizadas...

—¡Pero corra a darle su sangre! —gritó Kumori, angustiada por aquellas palabras.

—¡Sí, es verdad! ¡Voy!

Saruzaki echó a corre en la dirección a la que había proyectado a Ryuka hacía apenas unos segundos, dejando a Kumori completamente anonadada. Sin embargo, no pudo evitar sonreír.

—Es usted de lo que no hay, señor Saruzaki.


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