Pasiones Demoníacas
CAPÍTULO
3
_________________________________________________________
Transcurrieron varios días deambulando por diferentes caminos, atravesando bosques y laderas hasta que, finalmente, lograron alcanzar las tierras del este, conocidas popularmente por ser cálidas, áridas y secas. Tres cosas que pudieron interceptar de inmediato, pues todo el terreno, ya fueran llanuras o montañas, era completamente de color marrón, arenisco. El sol parecía brillar con más intensidad que en Limbia y, de no ser porque Kumori y Saruzaki eran inmunes a algo tan simple como el calor, posiblemente hubieran muerto deshidratados antes de alcanzar la aldea de Parta. Lugar donde Kumori había escuchado que permanecía la mujer dragón que andaban buscando.
La aldea, si es que podía llamarse así, era un conjunto disperso de chozas triangulares que apenas desafiaban al implacable paisaje árido. Construidas a base de palos de madera y cuero de buey que les servía para refugiarse del calor, el viento y las tormentas de arena. Muchas de estas se veían diminutas, pareciéndose más a un lugar donde resguardarse para dormir que una vivienda. Sin embargo, sí que había una enorme en la que podía vivir perfectamente una familia numerosa. Además, era de la única que salía humo, pareciendo que dentro tenían algún tipo de cocina.
Intuyendo que posiblemente pertenecía al líder de la aldea, Kumori trató de hacer contacto con quien fuera que estuviera dentro. Durante el leve paseo que estos dieron hasta plantarse delante de aquella choza apenas vieron a seis o siete hombres lagarto. Criaturas Terian del tipo reptil y de sangre fría. Estos podían soportar el calor y el mal clima con facilidad y era muy difícil que enfermaran. Posiblemente eran las únicas criaturas que podían vivir en aquellos lares, ellos y los Draconis.
Kumori avanzó sola hacia la choza, atravesando la penumbra con pasos decididos. Aquello resultó ser el hogar de una numerosa familia de Terians del tipo lagarto. El suelo estaba totalmente cubierto por pieles de animales y pudo contar hasta siete infantes correteando por lo que parecía la sala principal, ya que tenía una mesa con diversas sillas, una fogata y algunos muebles improvisados. Los cuerpos de los infantes lagartos eran completamente los de un lagarto convencional, solo que de grandes dimensiones, bípedos y con escamas azuladas que recubrían sus cuerpos.
—Disculpe —De una habitación cercana, un varón de aquella misma especie con un cuerpo enorme y corpulento detuvo a Kumori—. ¿Qué haces en mi casa?
Ella simplemente lo miró de reojo. Aunque más que mirarlo lo fulminó por completo, haciendo que este retrocediera rápidamente un par de pasos.
—No quiero problemas —dijo él, levantando sus manos—. Tengo a mis hijos en casa, por favor no nos hagas daño.
—No busco problemas, solo respuestas. Responde mis preguntas y me iré de inmediato.
—Claro, ¿en qué te puedo ayudar? —Tras aquella aclaración, el lagarto pareció calmarse. Otro adulto apareció de otra de las habitaciones y tomó rápidamente a los infantes para llevárselos a otro lugar.
—Tengo entendido que cerca de aquí debería poder encontrar a la reina dragón. ¿La ubicas?
—Sí, sí. Sé a quien te refieres; Ryuka, la Dragona de Jade, ¿cierto?
—Así es —asintió ella con firmeza—. ¿Dónde se encuentra?
—Pues... en esta época suelen haber jabalíes gigantes en las montañas escarpadas al norte de la aldea. Lo más seguro es que la encuentres en la cima.
—¿Lo más seguro? —Kumori se cruzó de brazos, impaciente.
—Sí..., quiero decir; ella pasó por aquí hace dos semanas. Frecuenta varias de las aldeas de Charak buscando enemigos poderosos a los que derrotar. Cuando haya aniquilado a los jabalíes de las montañas, se irá a otro lugar. Por eso no sé decirte con exactitud, pero debería de estar allí todavía, normalmente suele demorarse algo más de un mes.
—¿Y si no está allí?
—Entonces lo más seguro es que vaya más al norte, pero no sabría darte más indicaciones. Creo que si partís hoy mismo, llegaréis al anochecer a las montañas. Os llevará otro día entero subirlas, por lo menos. No creo que ya se haya ido.
—Con eso tengo suficiente entonces —Kumori asintió con determinación y se dio media vuelta—. Agradezco tu ayuda. No era mi intención intimidarte, ya me marcho.
—No..., no se preocupe. Tenga suerte, señorita...
Kumori salió de aquella choza, apartando la puerta de pieles hacia un lado. Allí se encontró con Saruzaki, que se había mantenido a la espera, observando aquella pequeña aldea. Los pocos hombres lagarto con los que se había cruzado se habían ocultado.
—¿Y bien?
—Vamos a las montañas escarpadas del norte, mi señor.
—Perfecto, no nos entretengamos entonces. Siento que aquí estorbamos.
—Como guste.
Tal y como aquel Terian les había indicado, ellos alcanzaron la zona baja de las montañas escarpadas poco antes del anochecer. Como Ryuka y Saruzaki no temían a las criaturas nocturnas que pudieran acechar en la oscuridad, pues ellos eran los mayores depredadores nocturnos que pudieran existir, decidieron ascender un tramo mientras aún tenían ganas. A mitad del trayecto, Saruzaki hizo una señal para que se detuvieran, como si el mismo paisaje dictara que aquel era el lugar ideal para un breve descanso.
Él encendió un fuego rápidamente y ambos se sentaron alrededor de este, apoyados en unas piedras.
—Parece que hoy no tendremos un lugar donde dormir —dijo Saruzaki, observando el crepitar de las llamas.
—Cuando me convirtió, me explicó que apenas necesitamos dormir. ¿Por qué nos detenemos casi cada noche? —Kumori habló mientras tensaba su mano para mantener una esfera oscura. La había estado materializando y manteniendo durante todo el trayecto los días anteriores, solo deshaciéndola para dormir o cuando entraron en la aldea de los lagartos. Ella estaba tratando de ser capaz de mantener de forma activa la mayor cantidad de energía oscura posible para poder controlar el poder de Saruzaki cuanto antes.
—No lo necesitamos, pero los días de vuelven aburridos si solo caminamos. Además, dudo que esa mujer dragón cace y luche de noche. Si lo que quiere es entrenar, lo hará cuando sus presas estén vivas y le den un combate decente, ¿no crees?
—Tiene toda la razón —Ella cerró sus ojos, lamentándose por si nuevamente había preguntado alguna estupidez.
—Si la suerte nos sonríe, mañana tendrás tu primer combate como una araña. ¿Estás preparada?
—Lo estoy —asintió—. No dude de ello. Yo derrotaré a la reina dragón.
—Ese es el espíritu —Aunque la felicitara, sus ojos en aquel momento solo observaban la belleza de Kumori; su cabello blanco y largo caía en forma de tirabuzones por su espalda. Un mechón largo de su flequillo cubría uno de sus ojos, dejando visible únicamente uno de ellos, completamente de color gris.
Ella se veía como una reina, una reina de oscuridad. Su belleza era digna de admirar, más ahora que se había convertido.
—La luz de la luna realza tu belleza, Kumori, como si estuvieras hecha para reinar en la oscuridad.
Aquellas palabras parecieron sorprender a la chica, que rápidamente se volteó hacia Saruzaki, sus ojos bien abiertos.
—Agradezco el cumplido, aunque no pensé que notara algo tan trivial, mi señor.
—Ahora que lo pienso, nunca hablamos de tu edad. ¿Cuántos años tienes realmente?
—Veintiuno. Le preguntaría por la suya, pero cuando uno tiene más de quinientos años no creo que uno o más haga la diferencia.
—Tenía veinticinco cuando me sellaron —Saruzaki tomó aire y entrelazó sus dedos de ambas manos, su mirada destellaba—. He pasado quinientos años convertido en piedra, pero no es como si haya podido vivirlos o sentirlos. Decir que tengo más de quinientos años no es una mentira, pero tampoco una verdad... Por lo que podemos decir que realmente tengo unos veinticinco.
—Entonces aún es joven —Kumori le dedicó una sonrisa—. Y, devolviéndole el halago, si me lo permite; es usted muy atractivo—. La paladín no parecía demasiado interesada en romance o amores, pero sí era cierto que le resultaba imposible fijarse en el esculpido torso de su amo, que acostumbraba a llevar al descubierto. Saruzaki no solo era alto incluso para ser un hombre, acercándose al metro noventa. Si no que su cuerpo tenía una constitución mesomorfa, casi sin grasa y con músculos bien definidos bajo su piel bronceada. Además, iba lleno de extraños tatuajes de color negro, por los cuales Kumori aún no había tenido el valor de preguntar.
—Es curioso oírlo de alguien que no ha probado aún mi esencia. Me intrigas, Kumori. Solo con la sangre no basta para atraer físicamente a una de mis arañas.
—Creo que sería complicado que vos no atrajerais a cualquier mujer, sea araña o no.
—Buena observación.
Justo en medio de aquella conversación, cuando ambos se echaron a reír, un terrible estruendo se escuchó de lo alto de la montaña. Un estruendo rompió el silencio, demasiado potente para ser obra de la naturaleza. Tampoco es como si hubiera una tormenta ni nada parecido.
Ambos dirigieron sus miradas hacia el mismo punto.
—Tal vez subestimé la situación —murmuró Saruzaki, frunciendo el ceño—. Parece que ahí tenemos a nuestra dragona.
—Es posible que haya bestias nocturnas a las que quisiera enfrentar, ¿deberíamos ir tras ella?
—Sí, es posible que mañana ya no la encontremos aquí. No hay tiempo que perder, Kumori. Sigamos.
—Como ordene.